Continuación… La pausa diplomática acordada para evitar la guerra con Paraguay por el Chaco Boreal, en el gobierno de Hernando Siles, fue criticada, invalidada y utilizada en la campaña electoral por uno de los exponentes de la oligarquía minera, Daniel Salamanca. Exacerbó el nacionalismo chauvinista para llevarnos a la guerra; la derrota militar nos mutilo territorialmente. Fueron los pasos iniciales poscentenario de los republicanos pro-oligarquía.
Contrariamente a la fatalidad que nos condujeron, la tropa compuesta mayoritariamente por aymaras, quechuas y de sectores urbano-populares descubrió en la guerra el sentido de bolivianidad y volvieron con ideales nacionalistas. Fueron uno de los pilares para la posterior derrota de los propietarios oligárquicos del Estado.
La patria se recuperó en el ideal de clase de los mineros, pese a la masacre militar en las pampas de Catavi (1942), por orden de la Patiño Mines, y ejecutado por el gobierno, no impidió que se funde la gloriosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros. Uno de sus impulsores fue Juan Lechín, que participó en la contienda bélica del Chaco.
El primer y único Congreso Indigenal (1945) que impuso la abolición del pongueaje conquistó el derecho de circular, erradicando la lógica racial criolla urbana que prohibía a los indios caminen por las calles. Este acto fundacional encabezado por el líder indigenista Luis Ramos Quevedo Rumi-Sunqu rompía el derecho racial de hacendados feudales, hermanos siameses de la oligarquía minera.
La Revolución de 1952 fue el estallido del acumulo conciencial minero, indígena campesino, popular nacionalista y revolucionario profundamente antioligárquico minero feudal.
Ciento veintisiete años después de la fundación de la República recuperamos la patria y conquistamos el derecho universal de votar hombres y mujeres.
Ser un Estado y sociedad democráticos era sacrilegio, nos volvieron a confiscar nuestro derecho, fueron a través de los golpes militares; ahora tenía el sello del nuevo patrón imperial del norte. La característica fue la importación del nazismo-fascismo como nueva institucionalidad de la República de Bolivia.
Solo 12 años (1952-64) duró la corta primavera democrática nacionalista, pero los que enarbolaban las banderas del nacionalismo revolucionario arriaron de su filosofía lo ‘revolucionario’, se reconvirtieron en nacionalistas de extrema derecha. Civiles y militares cogobernaron 15 años después (1979); mineros, fabriles, campesinos, estudiantes universitarios, liderados por la COB y la CSUTCB, en los días que nuestros muertos vuelven a visitarnos en Todos los Santos, enfrentaron a la dictadura. La masacre no doblegó, volvimos a vencer; la democracia llegó después de 157 años (1982) de la declaratoria de la Independencia con sabor a guardatojo, poncho y pollera, para quedarse como patrimonio nacional para que disfruten los que no lucharon por ella.
En ese tiempo, el ideal anticolonial de Estado Plurinacional expuesto en la tesis del primer congreso extraordinario de la CSUTCB (1983); el sujeto histórico es la comunidad; se manifiesta como sindicato, pueblo, nación, junta vecinal; la movilización es el medio político para defender y exigir derechos; la respuesta estatal es la misma: represión y asesinato.
En el primer lustro de este siglo desterramos el neoliberalismo preservando la democracia; instalamos la única Asamblea Constituyente elegida democráticamente y aprobamos por primera la CPE por el soberano en 184 años (2009) de vida republicana. Constitucionalmente, nació el Estado Plurinacional; el parto histórico fue precedido por el triunfo moral y democrático contra el separatismo, el racismo étnico; la marcha multitudinaria más grande de la historia republicana empezó en octubre del 92, conmemorando la resistencia a cinco siglos de invasión y colonialismo, culminó en la plaza Murillo el 20 de octubre de 2008, cientos de miles de hombres y mujeres, llegaron con su historia, su memoria, su identidad, sus luchas; llenos de sudor, luto, lágrimas y esperanza a presenciar el nacimiento del Estado Plurinacional con la convocatoria a referéndum para aprobar la Constitución.
El Bicentenario representa la construcción del Estado, está ligado inseparablemente a la demanda y exigencia de derechos negados, desconocidos, vulnerados, violados, que tienen como exponentes a los plebeyos y a la represión como negación de derechos; es la síntesis del poder.
La constitucionalización del Estado Plurinacional es un paso irreversible; aún falta por construir la plurinacionalidad cultural, lingüística, gubernativa, política, económica, productiva, territorial. El derrotero es conflictivo, porque enfrenta a los poderes fácticos del colonialismo capitalista republicano.
Un último apunte: el 6 se agosto se conmemoró solo el grito independentista; no se hizo alusión relevante al Estado Plurinacional, quizá por eso la ausencia de la wiphala.
*Es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.