Se sentó al borde de un acantilado, respiró profundamente durante unos segundos y se puso a escribir, en la mente, los consejos que le podría dejar a sus amigos muertos, a los enfermos, a los traicioneros, a los indiferentes, a los enemigos vivos, a los infames, a los decentes, a los arteros; sobre asuntos cotidianos y a lo mejor, que no importan a nadie. Consejos sobre todo y sobre nada.
- No toques el cabello ajeno sin pedir permiso antes. Suele ocurrir que a las personas no les gusta que le toquen el cabello. El solo hecho de pensarlo les causa un temblor a nivel de la zona parietal y emiten un gritito que solo lo escuchan en el interior y les causa, a su vez, tinnitus, que con el tiempo, deberá ser tratado por un especialista que cada vez cobra más y más y más, vale decir, tres veces más.
- Debido al valor de cambio de un objeto, digamos, innecesario, puedes enriquecer en poco tiempo atendiendo a la lógica de la escasez de ese objeto, provocada a propósito para convertirlo en algo exclusivo y símbolo de un estilo de vida. Podrías fabricar, en principio artesanalmente, un reloj de arena que en lugar de arena contenga la ceniza de un prócer fracasado. Una vez hecho un éxito el objeto, con un plan minucioso de marketing, haces que el objeto se vuelva escaso, entonces, subes el precio, lo ofreces en exclusividad, te haces de mucho dinero, lo guardas, lo proteges, lo pones en un banco, este quiebra, se queda con la plata, y finalmente, mueres.
- Cuando mires a tu sombra delante de ti, alargada, no olvides agradecer que al menos tienes algo que depende de tu existencia. Recuerda que sin ti tu sombra no es nada, va a donde vayas, se hace más obscura en la medida en que más iluminado estés y desaparece cuando ingresas en lugares obscuros, en ámbitos obscuros, en obscuros pensamientos, en la zona de la sombra eterna.
- El saice, con carne picada. El qoqo de pollo, con pollo y claro, con chicha, el falso conejo, sin conejo, el falso cuento inventado como símbolo de los desposeídos, por un poseído por los falsos textos del libro de las falsedades; contarlo al calor de un fuego fatuo ofreciendo bebidas verdes a quienes se presten al engaño.
- Al asumir determinada ideología y ahondar en el asunto, nunca audioveas cosas que te contradigan o que hablen críticamente de tus ideas. No se te ocurra cotejarlas, ni cuestionarlas. Son sagradas, casi como las palabras divinas, como la sangre derramada para la salvación de los vivos, cuyo misterio sobre de qué es que serán salvados, seguirá siendo un misterio. Una vez que, en pocos años, hayas escuchado y leído cosas que le dan razón a tus asuntos ideológicos, te habrás convertido, por fin, en un orgulloso fanático listo para salir a apalear personas, animales, cosas, ciudades, frutas, flores.
- Si te encuentras con la Ninfa, no eres tú. Procura olvidarte, abandonarte de sí, pensar en irte en ese camino que se hace al andar, despedirte del pueblo blanco con un pañuelo rojo como las rosas buenas de Xavier, desaparecer del mapa y perderte como el unicornio, sin remedio, ni color, ni un poco de esperanza.
- Si viajaras, por algún motivo, a Marte, guarda en un frasquito unos 250 gramos de ese polvo que es nuestro futuro, y lo traes.
Habiendo terminado de pensar, abrió los brazos y se lanzó al vacío, pero voló, lejos, al infinito y más allá.
(*) Óscar García es compositor y escritor
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